Para los que no tienen ocupación, la temporada de baños les sirve de distracción y de regocijo. Hay quien no trabaja, porque vive de sus rentas o porque no quiere, y está todo el día aburrido, de plaza en plaza o de calle, hasta que se entera de la apertura de los " Baños del Real" y se hace asiduo concurrente al establecimiento para oír tocar el piano y disfrutar de la conversación de algunas bañistas. A los tres o cuatro días ya se ha hecho popular en el balneario, y lo conoce todo el mundo, y le piden favores, y le hacen preguntas más o menos pertinentes.
A lo mejor llega a bañarse una señora con sus hijos, y en cuanto se fija en el joven le saluda con amabilidad y le dice:
---Oiga usted, Alfonso. ¿ está el agua muy fría? ---No señora,--- contesta el joven--- hace un instante metí el dedo en ella y la hallé calentita.
---¿ Y hay muchos pedruscos en la playa ? ---Regular. ¿ Quiere usted que baje y los quite? ---No, preferiría otra cosa; que me bañara usted a los niños. No los quiero levar a la galería de las señoras, porque son muy revoltosos.... Ayer le hicieron pedazos el corsé a la sobrina de un procurador y le rellenaron de arena las medias al ama de llaves de un presbítero....El joven accede a las súplicas de la señora, le baña los niños y se los entrega después, recibiendo en cambio algunas pequeñas monedas y una mirada de agradecimiento.---- Alfonso---le dice--- es usted el prototipo de la galantería...¡¡ Mañana me va usted a hacer el obsequio de bañarlos también!!...
No hay bañista que no conozca a Alfonso y que no le haya pedido un favor. En las tertulias que se improvisan algunas tardes junto al piano, él tiene siempre el uso de la palabra y de él están todos pendientes.
A lo mejor le interrumpe un "bañero" la peroración diciéndole al oído:
---¡¡ La señoras de Fagot le llaman a usted!! ---¡ Voy al momento!---replica el joven, bajando a la playa y acercándose al sitio donde lo esperan.
---¿ Qué ocurre?--- Ay Alfonso!! --- exclama suplicante una de las jóvenes.----- No nos pueden aproximar la caseta al agua, porque el mulo que había en el balneario ha fallecido... ¿ Quiere usted colocarse esos arreos y tirar de la casetas?.... ---Ahora mismo --- responde el joven poniéndose la collera y empezando a tirar, mientras las de Fagot le gritan cariñosamente: ¡¡ Arre, arre, Alfonso!!...¡¡ Soooó , amigo mío!!.
Como este infeliz hay muchos , muchísimos, que después que los balnearios se cierran, vuelven a ocupar sus puestos en las esquinas o en las plazas, y a ser los ciudadanos pacíficos que todos conocemos y en temporadas de balnearios, sacan unas pocas de monedas o algunos chusco de pan, y como ciudadanos pacíficos que todos conocemos y saludamos, y que por ignorar sus nombre les decimos " el polo del chaqué de alpaca", " el joven de los ojos verdes" y el de los pantalones roídos. Y... ¡¡ basta por hoy , no vaya a darse alguno por aludido.
Cádiz 08 Julio 1908








